sábado, 16 de abril de 2011

Hacia el nuevo país desde el genocidio de Salsipuedes.

Hemos adjuntado algunos resultados que han dejado en jaque a todo el conocimiento histórico enseñado en la escuela por más de un siglo, donde se miraba al indígena como un salvaje nómada sin ningún tipo de conocimiento y valor.
Por suerte el resultado del equipo de investigaciones de la Dra. Mónica Sana sobre el ADN de Vaimaca Perú nos regresa la esperanza de encontrar una nación con raíces propias, que una vez supimos tener de la mano de un gran prócer amaricano: José Artigas. Sabemos gracias a ello que hoy día existe una gran descendencia charrúa y no guaraní, como afirmaron historiadores e investigadores otrora oficialistas, que se han esforzado en mantener oculta la verdad, haciendo vivir a un país entero en el oscurantismo histórico. ¿Por qué lo hicieron? ¿Acaso los malos europeos y peores orientales como mencionó Artigas siguen existiendo hoy?
El ADN de Vaimaca nos habla de una nación que tiene antepasados en los viejos habitantes constructores de cerritos, quienes practicaban la agricultura y vivían en aldeas con una compleja organización social, practicando un sedentarismo dinámico.
Tenían un gran conocimiento de la flora y la fauna autóctona, domesticando al perro americano como compañero de caza y vigilancia, elaboraban remedios e infusiones con hierbas naturales, entre muchas cosas que el tiempo y los estudios nos revelarán.
Es claro que el hombre blanco y su codicia modificaron la forma y el régimen de vida de la gran nación, pues el sedentarismo los llevaría a una desaparición más temprana en defensa por lo que les era propio y de todos, pasaron a ser así perseguidos en su tierra, nómades obligados que no eran dueños de cazar en su suelo; errantes perpetuos, engañados y traicionados le dieron el último adiós a la idea de Artigas: la gran patria pluricultural y tolerante.
Pero nuestros gallardos y valientes antepasados siguen su lucha desde donde se encuentran y apoyan a los “José Iriarte” que se especializan en otras tierras para poder estudiar las nuestras; publicar verdades en otros países para que en nuestra patria no la desmientan dudando de su veracidad, diciendo que carecen de rigor científico, o que quienes la llevan a cabo no están preparados para realizarla.
¿Qué pasa ahora? ¿por qué no los escucho hablar?
¡Cuidado!...pueden tener un haz en la manga, están acostumbrados a jugar de esta manera, al palabrerío y al engaño: pero no se preocupen, pues no dejaremos de llamarlos orientales y... nuestros antepasados charrúas están dispuestos a perdonarlos.

La noticia de Diamela

Diamela ingresa al salón y la clase estalla de alegría, todos querían abrazarla a la vez, cosa que no era posible, formando así una gran masa de niños alrededor de la niña recién llegada.
Todo era alegría, besos, abrazos, risas y lágrimas, dos años no es toda una vida pero tampoco es un día, la verdad es que se entiende la algarabía.
Luego de unos cuantos minutos las cosas se fueron normalizando, los niños fueron regresando a sus lugares y Diamela se acerca hacia el escritorio de la maestra, quien ya le había saludado anteriormente en la dirección pero este momento merece un nuevo beso y abrazo, así se encontró frente a frente con el grupo que no pudo olvidar en su tiempo de alejamiento.
Parada frente a su clase no sabe como agradecer al destino su regreso y su recibimiento; como hablar casi no podía por la emoción, decidió sacar un papel del bolsillo y desdoblándolo comenzó a leer:
“ Que dolor se siente cuando las cosas no salen como se sueñan, cuando estamos obligados a hacer cosas que no queremos, jamás quise separarme de ustedes, sería lo último que hubiese hecho, ahora se que el amor no conoce fronteras y que a la amistad no la borra el tiempo ni la distancia.
Estoy feliz porque sé que voy a estar nuevamente con ustedes, quienes me despidieron con tanto afecto y tristeza, vivir nuevos recreos juntos es el sueño que muy pronto voy a poder cumplir...”
En ese pequeño silencio que hace diamela para continuar, las compañeras le agradecen estas palabras a la vez que le informan que en sus diarios íntimos todas tienen cosas lindas para leerle. La maestra le felicita por tan hermosa y emocionante lectura, repite nuevamente lo dicho por sus compañeras de clase y agradece el momento vivido para que sea un ejemplo y un gran recuerdo para el resto del grupo.
Diamela no dice nada y sigue leyendo.
“Por suerte las cosas no son como se pintan y gracias a ello es mi regreso, aquí se gana mucho y se gasta mucho en educación, por lo que mis padres decidieron que siga mis estudios ahí; como falta poco para el fin de cursos nos vamos a ver antes de lo esperado.
Un abrazo grande les manda Manolo”.

Un día feliz

Dos años habían pasado ya desde que Diamela y Manolo se despidieron de sus compañeros de clase.
Es cierto que durante el transcurso de los años en la escuela, muchos niños se separan del grupo por diferentes razones; unos se cambian de clase, otros se pasan de turno, inclusive algunos pueden quedar repetidores, pero siempre la amistad perdura en el tiempo, los juegos no se terminan por más que el destino lo quiera.
Pero de Diamela y Manolo nunca se supo con exactitud qué fue de ellos, dos divertidos compañeros que se llevaron consigo la alegría de aquella tarde de invierno.
Ahora algo nuevo se palpitaba... no sé, desde tempranas horas, cuando la directora entraba y salía del salón con un papel en la mano, y Lorena que se sentaba cerca del escritorio de la maestra, escuchó decir algo parecido a ingreso...un nuevo niño venía.
En ese continuo barullo en que se encontraba el salón mientras la maestra hablaba con la directora, Lorena aprovechó la ocasión para pasarle el chisme a Fernando, su compañero de banco:
- ¿Escuchaste Fernando? Vamos a tener un nuevo compañero, pues la directora le dijo a la maestra que el niño ingresaba a esta clase.
- ¡Pero!...vos siempre igual Lorena, las mujeres siempre escuchando las conversaciones de los demás, y todavía mal, yo escuché clarito lo que dijo...dijo reingreso, rein-gre-so, toda la clase ya sabe que se trata de Diamela o Manolo¿ te acuerdas de ellos?
- ¡Hay sí! ¿qué despedida tan triste aquel día!
- Bueno; yo nunca vi una despedida alegre Lorena...
En todas las mesas comenzaron los diálogos y los recuerdos, Silvina comentaba que Diamela se encontraba en una escuela no muy lejana a la ciudad, y que sus padres jamás se vieron juntos después de aquel día triste.
- ¡Què lástima! –exclama Irene- era una linda familia.
Luis había recibido noticias de que Manolo se encontraba en un país lejano junto a sus dos padres; razones que todos conocían les obligó a buscar un futuro mejor más allá del horizonte.
Pero...¿les habrá ido mal por aquel país lejano y por eso regresa Manolo?
o ¿será Diamela que regresa a su viejo hogar?...eso nadie lo sabe aún, solamente se sabe que es uno solo y que está por llegar.
Cuando la maestra pide silencio para dar la noticia, la clase entera reclama a gritos que diga el nombre, pues las palabras estaban demás.
La maestra vuelve a pedir silencio y los niños rápidamente acatan para acelerar el palabrerío.
- Niños, mañana van a tener un nuevo compañero.
Cuando la maestra dijo esto más de uno se quiso desmayar, pues todos esperaban ver de nuevo a uno de sus más ansiados compañeros.
- Eso de mañana no me gusta nada, comenta Luis.
- A mi lo que no me gusta es eso de “nuevo” replica Fernando angustiedo.
Por suerte la maestra agrega:
- Creo que ya se conocen... hoy vino a visitarlos Diamela.

Los timbres del recreo

De otros tiempos, recuerdo el sonido de la campana de bronce agitada por la mano de la directora o de la secretaria , anunciando la hora de entrada y salida, además del alocado recreo.
Hoy las cosas han cambiado, no se quien hace sonar ese timbre ruidoso, que no es una campana, así tampoco se quien es es el que lo toca, sólo sé que no es una mano agitada sino un estático dedo que pulsa un botón. Pero a nuestro fin es lo mismo, es el anuncio de los instantes de trabajo, juego, descanso y alimentación... el más importante: el recreo, que comienza tempranamente con la fila de muchos niños tratando de comprar su merienda en el salón de la clase encargada de hacerlo ese día. La costumbre era tal que un día de lluvia, la tormenta había hecho travesuras, dejando a la Dirección sin energía eléctrica y el dedo que pulsaba el botón no tuvo ideas para anunciar el recreo de otro modo...¡qué bien!.
Por suerte la clase estaba entretenida lo que jugaba en contra de quienes deseaban el recreo: todos, así que Fernando interrumpe exclamando:
- ¡ Está sonando el timbre maestra!
- La maestra al no escuchar ese sonido siguió entretenida con el tema y nacho interrumpe nuevamente de un modo nada acorde con la clase, pero sí a lo dicho por Fernando anteriormente.
- A mi me está sonando el timbre...
- ¿Qué sucede? Se vio obligada a preguntar la maestra.
- Es que estamos en hora de recreo, replica Irene de manera dulce y apacible.
Así es que lograron salir al recreo tras algunas exclamaciones: ¡qué hambre que tengo!
¡soy capaz de comerme un elefante!
La tecnología nunca falla he escuchado decir, pero si no fuera por el timbre interior de los niños, el recreo no hubiera existido.

Un clásico de los recreos

Yo no sé por qué Penarlo tiene más hinchas varones y Nacional más hinchas mujeres, lo cierto es que siempre se dividen equitativamente en lo que a números se refiere, es la manera más fácil de dividir los equipos cuando se realiza un picadito. Así en las escuelas el partido de los recreos se transforma en algo muy parecido a niñas contra varones, lo que pone más llamativo el encuentro.
Al habilidoso de los varones, Julio, que defendía a Penarlo, lo marcaba la gorda Ramona que era diez veces más grande que él... bueno, por lo menos el doble.
Pero Julio hacía tantas pavadas con la pelota y era tan comilón, que muchas veces se caía o perdía el balón insólitamente, por lo que algunos varones hinchas de Nacional le gritaban a Ramona: ¡dejalo que se marca solo!.
Las practicantas, como les decían los niños, eran dos y jugaban de arquero una para cada lado.
Desde el banco de suplentes, que, aunque parezca mentira existía, brotaba la alegría de los varones que nunca iban a entrar a jugar, pues algunos que eran hinchas de Nacional no querían jugar con las niñas, y Tito que se decía hincha de Penarlo no le gustaba ni sabía de fútbol; cada vez que lo invitaban a jugar respondía, “yo pienso que la pelota pica porque tiene una rana adentro”.
El partido era parejo y entretenido. Faltando poco tiempo atacaba velozmente el habilidoso Julio y cuando dejó larga la pelota, Ramona le pegó un balinazo hacia el arco de Penarlo; la practicanta, viste como hacen cuando ven el peligro, se tapó los ojos con las dos manos y dio medio giro, pensando que a lo mejor la pelota le podía pegar, Nacional se pone arriba en el marcador y Julio debía de compensar su error... y de la golera ni hablamos.
Es así que el pequeño habilidoso cuando tomó contacto con el balón llegó hasta el área rival y corría de un lado a otro buscando a quien dársela para que no le gritasen comilón; Ramona corría desesperada tras de él y en una de esas frenadas de Julio lo saca fuera de la cancha con pelota y todo, penal, gritaron todos los que se dieron cuenta que había sido sin querer. Pero mirá si no lo van a cobrar, si era la última oportunidad de empatar; Julio le pega bien pero todos temían por el arquero y por el timbre del recreo que era el silbato final del partido. Julio le pegó suavecito contra un palo y muchos casi se mueren del corazón, mas aun cuando el arquero la roza con la punta de los dedos antes de entrar el balón al arco, Penarlo logró empatar el encuentro, un resultado que deja contentos a muchos y la revancha podría jugarse a patio lleno.

Dos momentos de euforia

En toda escuela existen dos momentos de intensa alegría, comparados con aquellos que vive el adulto cuando observa por la TV. al cuadro de sus amores. Estos dos momentos son sin lugar a dudas el recreo y cuando llega la hora de la salida. Creo que el más importante para los chicos es el recreo que se vive intensamente desde el primer campanazo de anuncio, quizás porque indica el comienzo de un tiempo de unión y alegría para todos los niños de la escuela.
A menudo suele suceder que cuanto mayor es la clase en grado y número de alumnos, es más bulliciosa, y los momentos de euforia se vuelven peligrosos; así la señal de alegría del timbre se transforma en señal de lágrimas.
Recuerdo entonces el peor de los recreos vividos, la maestra quería tomar el té, pero no pudo. De entrada nomás Nacho le acierta un golpe con un tropo a un compañero que jugaba a competir con él; no era un trompo común, sinouno de madera, pesado, al que hay que envolverle una piola para tirarlo fuertemente. La mayoría jugó al agarre, que tendría que llamarse la guerra y no sé bien si es un juego, sólo sé que ha perdurado desde el tiempo que yo iba a la escuela. En esta ocasión además de entrar con túnicas rotas y con olor a partido de fútbol, los niños entran a la clase con rodillas y manos lastimadas, producto de las caídas en el asfalto: como si fuera poco Ximena se luxó un tobillo por hacer equilibrio en un pequeño muro del cantero.
Cuando la maestra hace el recuento de lesionados la cifra alcanza el 25% de la clase, que con los doloridos asciende al 50% y con los olorosos ni te cuento.
Así no hubo otra opción que reflexionar sobre lo acontecido, aunque muchos hubieran preferido las matemáticas, era necesario reconstruir el único momento de unión y alegría de todos los niños.

Una apuesta de probabilidad

La matemática causa muchos dolores de cabeza, pero este tema era sencillo y la maestra lo eligió para comenzar el día, justamente cuando hacía calor.
Susana, la maestra comienza explicando la noción de sucesos... fíjense ustedes: suceso seguro, suceso imposible, sucesos probables, etc., etc., etc.
A Javier le encanta la matemática, pero en este caso la situación le pareció diferente... la maestra seguía dele que te dele:
-Como ven la probabilidad es un tema sencillo, por ejemplo, si colocamos cuatro bolitas y dos bolitas azules dentro de una bolsa y deseo sacar dos juntas ¿ qué es más probable que salga? ¿dos bolitas azules, dos bolitas rojas o una de cada color?
-Ah, ¡esto sí que es sencillo! Si tenemos más bolitas rojas es más probable que salgan dos bolitas rojas, proclama Javier, ante lo cual la maestra pregunta a toda la clase:
-¿Están de acuerdo con Javier?
La mitad de la clase contestó con un sí enfervorecido mientras el resto prefirió quedarse callado, quizás por no entender mucho el tema.
La maestra observando la cantidad de niños confundidos por la postura de Javier y teniendo en cuenta las dificultades de los niños, decide enumerar las bolitas, tanto rojas como azules y hace pasar a la abanderada al pisaron para que comenzase a hacer combinaciones posibles y evitar así cualquier complicación en la clase.
Aunque parezca mentira toda la clase razonó junto con ella y ante la mirada de asombro de la mayoría, los resultados obtenidos fueron diferentes a los que se esperaban.
No quedaba duda que la posibilidad de que salieran dos azules era 1, se complica un poco con las rojas, pero igualmente los números permiten fácilmente observar que las combinaciones posibles son 6. El asombro de todos surge cuando se concluye que la posibilidad de que salieran una bolita azul y otra roja era 8, por lo tanto diferente a lo que se sostenía anteriormente. Nadie dijo nada, pues los resultados estaban a la vista, excepto Javier.
-¡ No puede ser maestra! ¿cómo va a ser mayor la probabilidad de sacar una azul y otra roja si hay más bolitas rojas?... si yo saco una bolita de una bolsa donde hay más bolitas rojas, es más probable que saque una de este color.
- Pero en este caso hay que sacar dos juntas, aclara la maestra.
- Pero es lo mismo -continua Javier- pues de cuatro rojas y dos azules es más probable que saque roja: y en el segundo caso de tres rojas y dos azules también es más probable que saque roja.
- Pero en este caso no se sabe que color es la primer bolita, pues si es así la probabilidad estaría condicionada, siendo diferente, dice la maestra.
- ¡Pero! Aunque no se conozca me gustaría hacer unas bolitas de papel, pintarlas y probar, replica Javier.
Como la maestra consideraba bueno que la teoría acompañaras a la práctica acepta la propuesta y tras pocos minutos todos estaban listos para ver que sucede con la probabilidad. Javier confiado en su conocimiento matemático decide desafiar a la maestra proponiéndole que el perdedor debería pagar la merienda: la cercanía del recreo le había traído hambre. La maestra acepta nuevamente la apuesta aunque no podía aceptar el premio en caso de triunfo.
Toda la clase está en silencio y con gran expectativa; a Javier le pasa por su mente toda la lección... la firmeza de la maestra más lo que había demostrado la abanderada en el pizarrón lo pusieron algo nervioso, pero siguió confiado adelante. Antes de meter la mano en la bolsa le parece entender la diferencia entre probabilidad condicionada y la combinatoria, recuerda que hay cuatro bolitas rojas y dos azules, introduce lentamente la mano y la maestra le recuerda que debe sacar las dos bolitas juntas... es así que Javier sin que la maestra dudase y sin él saber lo que toma, captura una con el dedo índice, espera algunos segundos y luego toma la otra.